Qué lejos, casi no te veo... Me he tomado ciento veinte kilómetros de distancia, por seguridad, y se incrementan, poco a poco, muy despacio.
Bendita paz... ¿De dónde has salido? Ven, ayúdame, te necesito, que no me puedo levantar. Sobredosis de emociones, y alguna que otra cerveza. Quizá se me ha ido la mano.
Dime, ¿tú también te sientes extraña?
No encuentro mi brújula... ¡Mierda!
Y, ¿ahora qué?
He perdido la cabeza...
El azul es el peor color de entre todos los del mundo, el azul es como estar enferma, es como un cuchillo directo a la columna vertebral... Y se me ha muerto el verano, y se me ha roto el otoño. El tiempo me ha tirado del vagón, ya no sé qué dirección tomar, y me pesa todo. Dime, ¿qué hago yo ahora con esta vida a medias, esta media vida? Está todo en la basura.
Y mi cabeza, boca abajo, recibiendo todos los golpes en la lejanía...
¡Vaya! Qué sorpresa encontrarte de nuevo esta noche. Qué extraño... Pero qué alegría. Has sido como un soplo de aire nuevo (viejo), has sido como respirar. No es la primera vez que conduces conmigo, ni la primera copa al amanecer. Y parece el primer día... Pero el sofá es otro, y la vida, y nosotras también. Dos fantasmas...
Sabía que algún día volvería a encontrarme contigo... No digas eso, que me pones nerviosa. Olvídalo, somos recuerdos, tan sólo eso.
Perdona si tiro la piedra y escondo la mano, pero es que ahora no estoy para mucho más, no estoy, simplemente. Hay cosas que nunca se olvidan... Y ella nunca se borrará, es infinita.
Pero he perdido la esperanza...
Cómo me pesa este enfado, esta rabia contra mí... Deja ya de castigarme. Y ven, grítame, dime algo... No soporto este silencio, tu silencio.
Odio los atardeceres otoñales tan lejos de la playa, pero te has empeñado, tengo que irme, es una necesidad. Y ahora ya no puedo parar de correr (lobotomía cuántica y astral).
Y a lo lejos te repites en un recuerdo que no te pertenece, clavándome tus dardos por cada esquina de Granada. Los kilómetros no sirven de nada, el espacio no ayuda, y he perdido la fe en el tiempo.
Invisible, incorpórea...
Dime, ¿qué viene ahora? ¿Qué hago yo con toda esta desESPERANZA?
Tendré que demoler el mal humor que me has dejado...
¡Sonríe!
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