Hoy me he levantado con la desesperanza algo arrepentida. Tenía prisa, y no entendí del todo sus palabras, y había ruido, mucho ruido... Pero me dibujó un sol pequeñito en la pared, un sol que brilla tenue, y que yo tengo la obligación de cuidar. Y justo antes de irse me ha dedicado una sonrisa, y me ha dado una palmadita en la espalda. Volvió a vestirse de verde, y entonces desapareció, dejándome a solas conmigo. Me ha regalado una tregua repleta de luces (y algunas sombras), y miles de palabras por escribir.
Verás, hoy me siento diferente.
Pasar toda una noche vomitando mis disgustos (y nuestras desigualdades) a los oídos de la imparcialidad (gracias amigo) puede convertirse en una medicina perfecta. Pero ahora ha llegado mi turno, y no me pienso dejar vencer. Me he vestido de optimismo, me he pintado con todas las luces que he sido capaz de encontrar, y he mandado a la mierda todos mis miedos (soy infinitamente más fuerte).
Mírame, estoy brillando. ¿Sientes la fuerza? Sí, sé que la sientes (estoy segura).
No voy a compadecerme, sino a reforzarme, no pienso seguir pidiendo perdón, ni desvalorizándome. No voy a pelearme más conmigo, ni a malvender mi personalidad (ni la tuya). Hay mil caminos que tomar, y mi lucha no es contra ti, sino contigo, peleamos por lo mismo (sé que tú también lo sabes).
Adelante, pasa, abre esa puerta, sírvete de la perspectiva que te brindan los kilómetros, y encuéntrate, y encuéntrame, y olvidemos para siempre las distancias (momento de reflexión). No te compadezcas, indecisa, toma toda tu fuerza innata, esa fuerza que siempre has tenido, y aniquila tu desesperanza, y mata todos tus (nuestros) miedos.
Dejémonos ya de tonterías (¡vaya par de idiotas!). Nuestra genialidad es inmensa (somos gigantes) y jamás hemos dejado de brillar. Busca, sabes que sigue ahí, todos pueden verlo, y tú y yo también podemos (date cuenta).
¡Brilla!
Deja que pasemos...
...sin miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario